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¿A quién culpamos por Logan Paul?

El boxeo ha tenido altas y bajas, como cualquier deporte, pero en este momento es difícil saber dónde se encuentra.

Empiezo por confesar el profundo respeto que tengo hacia los boxeadores. Cubrí boxeo en toda mi etapa como periodista de impreso, entrevisté a cientos de ellos, amateurs o profesionales, los vi entrenar y el sacrificio que hacen con sus vidas es sencillamente brutal. Fui testigo de cómo sufrían por hacer el peso, arropados en una lona, afeitándose hasta las cejas para bajar unas libras, secos como una hoja de papel, sin poder tomar ni un vaso con agua, para horas después subir a “darse coñazos” y que los de afuera digan (al perdedor) que es un “paquete”.

Yo mismo, hace poco, entrené boxeo y, créanme, cuando te dan un golpe noble ves luces, pajaritos, no escuchas, no tienes control del cuerpo. Someterse a eso es como el meme famoso de “no lo vas a entender… y tampoco te lo voy a explicar”. Pero sí, es un deporte y es una carrera, nada de eso se discute.

Entonces, a dónde vamos

En la historia del boxeo existen leyendas y generaciones que colocaron la especialidad como una de las más populares y puede que la que vivimos en estos tiempos no sea una de las más agraciadas comparada con aquella de Alí, Frazier, Foreman, más tarde Hagler, Durán, Leonard, Hearns, Sánchez, Nelson o más acá, Tyson, Chávez, Mayweather, Pacquiao, y un largo etcétera, pero eso no significa que hoy no existan los buenos boxeadores. ¡Hay muchos!

¿Qué sucede entonces para que muchos expertos consideren que el boxeo está en decadencia?

Para el boxeo la cantidad no ha sido calidad. Hoy hay más campeones, pero no pelean entre ellos. No hay espectáculo, no hay voluntad de hacer las súper peleas de otrora. Y nada tiene que ver la pandemia, viene desde mucho más atrás.

¿Será que no hay promotores que se atrevan a arriesgar?

El boxeo rompió la soga

El boxeo y la publicidad fueron la simbiosis perfecta por mucho tiempo. Antes de cualquiera de las Tyson-Holyfield, por ejemplo, veíamos a los dos peleadores hasta en la sopa. Agarrábamos el “Panorama” y salían siempre en la portada, y aunque José Luis, el vendedor de verduras de la esquina, ni tuviera idea de quienes eran o de dónde venían, siempre terminaba interesado y desvelándose para ver, gracias al más primitivo de nuestros instintos, a dos tipos dándose piña como si no hubiera mañana.

Hoy existen boxeadores llenos de marketing. Quizá ganan más que los de otrora. Venden más. Tienen una marca nutricional para el desayuno, otra para el almuerzo y otra para la cena, seguramente lo merecen. Pero ellos, su entorno o el mismo sistema pasaron por alto lo realmente importante y es que el respeto se gana “allá arriba” como ellos mismos dicen; ahí en el entarimado donde están tan solos que hasta el banquito para sentarse se lo sacan cuando suena la campana.

El boxeo se politizó y como toda mala política se burocratizó. Todos sabemos que Mayweather y Pacquiao debieron pelear cinco años antes de cuando lo hicieron y, con sinceridad, en un mundo de apuros y de inmediatez nadie quiere esperar tanto para ver una buena pelea.

Apelar a lo distinto

Es allí cuando aparece Logan Paul. Un chico lleno de carisma, (es verdad, te cae bien o mal) que a su manera respeta al boxeo y a los boxeadores. Lo entrena de verdad, sube al ensogado con mucha voluntad, trata de dar el mejor espectáculo y ciertamente lo logra, pero no es un boxeador. No podemos decir que Muhammad Alí y Logan Paul son lo mismo, eso no.

Una cosa fue lo que vimos este fin de semana, otra distinta fue apelar a la nostalgia con la exhibición de Tyson y Holyfield, y otra en un combate con TODO el ORO en juego, ante esto último hay pocas cosas que se puedan comparar.

A José Luis, el de las verduras de la esquina, le puedes preguntar por la pelea y te dice que la vio completica, que “parecían novios de tanto abrazo” y que todo fue sueño perdido porque “qué molleja, así cualquiera se gana los cobres”. Los dos perdieron y el boxeo también porque él no sabe quién es Inoue, Lomachenko, Terence Crawford, “Chocolatito” y otros.

En la otra acera está UFC que, por lo menos, dos meses al mes nos entrega peleas generacionales, choques entre campeones y retadores número uno, así evento tras evento no solo en masculino sino también en femenino con altísimas audiencias, un marketing focalizado, grandes estrategias de promoción y cada día más personas dispuesto a ver, conocer e incluso practicar las tan útiles artes marciales mixtas.

Mientras tanto, el boxeo espera en la esquina. Maltrecho, aunque todavía con energía, a la espera de tomar el tan deseado segundo aire que lo lleve a tiempos mejores.   

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